Vicente llego mas tarde que los demás, se sentó a mi lado, saco de su mochila un tenedor torcido y dijo que era fotógrafo.
¿Ves esto?
-Si, es un tenedor deforme.
-Es el hambre, la imposibilidad.
Comencé a platicar con el, parecía recién bajado de una nave espacial. Al poco rato pusieron un jazz meloso y sin preguntar, cosa que siempre me gusta cuando se trata de románticas iniciativas, me tomo de la mano, dejo la imposibilidad sobre la mesa, me llevo al patio y nos besamos. Estar en la boca de Vicente era como estar en la fuente de mis deseos, surgió un bailemos.
Mientras bailábamos, me acariciaba el cuello con sus labios, y yo aprovechando la confianza , lo invite a almorzar con la excusa de querer ver mas imposibilidades y hablar sobre su trabajo.
Al día siguiente, llegando puntualísimo como siempre, con un sobre grande repleto de fotos y una ramito de jazmines, comenzamos a almorzar mirando fotos de tenedores torcidos, pies de niños, personas imposibilitadas.
-Y esos cubiertos torcidos …-dije- mientras pinchaba una papa y analizaba las fotos de Vicente, dándome cuenta de que el me gustaba por que besaba bastante rico y sacaba fotos extrañas (todo era extraño en el).
Seguíamos platicando, cada vez que hablaba me dejaba atónita nunca antes había conocido alguien que me hablara de esa forma le ame en ese instante, yo hablando tontería y media.
Cuando se iba dijo que llamaría. Lo hizo esa misma noche para invitarme a comer una hamburguesa completa. Cuando me dejo en casa me dio otro beso, me acaricio los párpados, y sin decirnos nada para conservar la magia que supimos conseguir, me baje del auto sonriendo con los ojos brillantes y despidiéndome con besitos en el aire.
A partir de esa noche comencé a imaginarlo. A pesar de que trataba de pensar que el no debía gustarme, yo pensaba que no tenia importancia, era una cuestión x, obra del destino, tal vez.
Al cabo de dos días, Vicente toco mi puerta. Cuando abrí lo encontré con una botella de vino y una cámara fotográfica colgándole del cuello. Me puse tan nerviosa que lo noto, quede por fin frente a el si saber que decir, me saludo tranquilamente, y una vez en el auto me invito a tomar un café mientras me miraba con ojos curiosos y tiernos. Me hacia reír mucho y a pesar de que no era como los otros, me hacia mas feliz que los todo-hombres que hasta ese momento había tenido el gusto de conocer.
Después de varios cafés y charlas que duraban hasta el anochecer, un día Vicente me abrazo y dijo que iríamos a pasear por la ciudad. Mientras lloviznaba, me envolvió en sus brazos y acercando su boca a mis orejas congeladas, declaro su amor.
Te quiero- dijo-, estoy enamorándome de ti y soy feliz por eso.
después me abrazo otra vez y estuvo callado mientras yo hablaba hasta por los codos.
Estar con el era como vivir en el espacio. Siempre pasaban cosas nuevas y no me aburría casi nunca, salvo cuando hablaba mucho de cosas que yo no entendía. Pero comparándolo con otros que también hablaban mucho, este era interesante y gracioso. Tenia una conversación abierta, estaba lleno de asociaciones y observaciones que generalmente pasaban inadvertidas para la normal mayoría masculina. Llamaba a mi casa, para saber si había llegado con bien, fumábamos marihuana, tomábamos cerveza inadvertidamente y estaba siempre a punto de enloquecer en medio de una tierna lucidez.
Hacia el amor lentamente, tierno aunque fuesen pocas, termine por enamorarme mas de el.
Terminaba la primavera y después de casi medio año de estar juntos, Vicente dijo que iría a Chiapas a sacar fotos. Yo avise casi simultáneamente que iría a Sinaloa, con la intención de ser tan interesante como el. No pareció encandilarse, solamente pregunto en que iría.
-en Bus- dije.
Cuando volvimos a encontrarnos después de las vacaciones, algo en el había cambiado. Ya no me miraba con ojos grandes, hablaba sin parar y no me acariciaba los párpados. ¿Estaba comenzando a parecerse a los otros?
Preferí esperar. a el no le gustaba que le hicieran demasiadas preguntas. Para eso estaba la vida, el mismo, la sociedad y su familia, pero de tanto esperar sin decir nada, un buen día Vicente dejo de llamarme y cuando yo lo llamaba, me contestaba una grabación que decía:
No mas, no mas. déjame tu mensaje después de la señal.
Al quinto día de escuchar que no mas y dejarle mensajes seductores tratando de hacerme la moderna acostumbrada al amor, recibí un llamado:
-¿Hola?- dije, esperando que fuera el pero tratando de lograr un tono indiferente.
- Habla Vicente, linda discúlpame, estuve con algunas…ondas…¿cuando podemos vernos?
-Hoy. Podemos hoy. Vamos a pasear al parque, ¿Puedes?
Quedamos en que llegaríamos al café en una hora. Me metí a bañar, me puse unos jeans que me resultaban incomodísimos pero que le encantaban y faltando solo media hora para la ansiada cita, me perfume y ensaye mil caras, formas de llegar y comentarios que devolvieran el glorioso pasado del amor.
Llego y me saludo como si yo fuera una tía lejana, pero tratando de seguir con la misma simpatía de siempre dijo varias veces hola que tal, que tal, que tal, y sugirió que nos fuéramos a otro lado en seguida.
Fuimos caminando hasta el parque. Eran las siete y pico de un día de mierda del mes de mayo. Mientras el sol se escondía dejando un cielo rosado y azul, Vicente empezó a hablar con la honestidad que lo caracterizaba:
-Quería decirte ..son tantas cosas…
-¿Son muchas?
-Es solo una
- Pues dime, habla
-Estoy enamorado, nunca pensé que me pasaría algo así.
-Bueno, Vicente, eso ya me lo habías dicho…
-De otra
-¿De otra persona?… Llévame al barcito de siempre. Quiero una cerveza y no quiero saber como se llama ni como es.
El obedeció y yo me emborrache. Lloraba cada cinco minutos escondida en el baño, y cuando tu ibas al el, sin poder desahogarme por que había dos o tres parejitas viéndome.
Después de varias horas de cerveza, preguntas e intentos de conquistar lo que ya no era mío, llegue a casa, me acosté y dormí catorce horas.
Al día siguiente, todo lo vivido la noche anterior se paseaba delante de mi como una imposibilidad que Vicente no habría podido fotografiar por que era el hambre del alma y de mi corazón. Me dolía tanto la cabeza, que pensé arrancármela, pero no me anime por la misma razón que no me animo hoy: la esperanza de ganarme la lotería y dedicarme a mi verdadera vocación.
Ser para otro, el próximo.